APOYO SIMBOLICO
España secunda a medias la iniciativa ecologista de apagar las luces una hora.
29.03.2009
Los habitantes del planeta Tierra tuvieron ayer la oportunidad de lanzar un mensaje visible desde el espacio. La iluminación nocturna de los grandes núcleos de población es apreciable a cientos de kilómetros de altura, aunque ayer no fue tan brillante. Millones de personas secundaron el apagón eléctrico propuesto durante 60 minutos (de 20.30 a 21.30 horas) por la organización WWF-Adena. Un pequeño gesto que encierra un gran mensaje: los recursos se agotan y hay que crear sociedades más sostenibles.
La organización conservacionista estimó que 1.200 millones de habitantes de más de 4.000 ciudades de todo el mundo secundarían la iniciativa. Los primeros en apagar el interruptor de la luz fueron los neozelandeses, dada la diferencia horaria, y los últimos los habitantes de la costa oeste de Estados Unidos. En Australia, un estridente bocinazo, protagonizado por los transbordadores del transporte público de Sídney, dio paso al apagón de La hora del planeta. Las luces de la Casa de la Ópera y las del puente metálico sobre el puerto se apagaron, los rascacielos se oscurecieron y los restaurantes cambiaron la iluminación eléctrica por la de velas.
A 16.000 kilómetros de distancia y 10 horas después (por la diferencia horaria), le tocó el turno a Valencia (y el resto de ciudades que comparten uso horario). La capital del Turia fue una de las ciudades españolas que más apostó por la iniciativa. Fueron 13 los edificios municipales y monumentos que se quedaron a oscuras: el Ayuntamiento -tanto los edificios de plaza del Ayuntamiento como los de la avenida de Aragón-, la Lonja, las Torres de Quart, las Torres de Serranos, el Almudín, el Mercado Central, el Mercado de Colón, las Atarazanas, el Palau de Cervelló, el Palau de Congressos, el Palau de la Música y el Palau de la Exposición. También lo hicieron la Generalitat, Les Corts o el Edificio del Reloj del puerto de Valencia.
Más que el ahorro energético en esa hora de apagón, lo que WWF-Adena pretendía es llamar la atención a ciudadanos, gobiernos y empresas de todo el mundo para frenar las emisiones de CO2 y luchar contra el cambio climático. Y que con pequeños actos, como sustituir las bombillas de la casa por otras de bajo consumo o bajar el termostato de la calefacción, se contribuye a reducir el consumo energético, recordó el secretario general de WWF en España, Juan Carlos del Olmo.
Algunos de los edificios y monumentos más significativos de todo el mundo se quedaron a oscuras, aunque no todos lo hicieron durante 60 minutos. Algunos, como la Torre Eiffel, sólo apagó las bombillas de su industrial estructura durante cinco minutos.
Edificios como el Coliseo de Roma, la cúpula de San Pedro del Vaticano, la Acrópolis griega, el Empire State de Nueva York o el Cristo Redentor de Río de Janeiro vivieron momentáneamente en las tinieblas. También en España pasaron al lado oscuro las murallas de Ávila, las catedrales de Burgos, Santiago de Compostela o Palma de Mallorca, la playa de La Concha, la mezquita de Córdoba, la Alhambra de Granada, la Sagrada Familia de Barcelona o la Cibeles en Madrid.
Donde hay luces, siempre hay sombras y Japón fue junto con Arabia Saudí el único país miembro del G-20 que no se sumó a esta iniciativa mundial, según los organizadores.
Descenso
¿Pero realmente este simbólico apagón se notó? Los datos de Red Eléctrica Española (REE), gestora técnica del sistema eléctrico y vela por el equilibrio entre oferta y demanda, revelan un ligero descenso. La respuesta ciudadano no fue tan contundente como lo esperado. El consumo de energía se redujo en unos 500 megavatios según el consumo previsto en su punto máximo. El año pasado, los españoles llegaron a los mil megavatios de ahorro.
A las 20.30 horas, hora a la que comenzaba la iniciativa, la demanda registrada en el sistema eléctrico en toda España era de 30.474 MW. En los diez primeros minutos, la demanda subió ocho megavatios, aunque poco después descendió hasta los 30.431 MW. Hubo que esperar al final para encontrar el consumo más bajo. A las 21.30 horas, la demanda fue de 30.227 MW.
Una vez acabada la iniciativa, el consumo eléctrico en España comenzó a repuntar. Así se reflejó en la web de Red Eléctrica. A las 21.40 horas, la demanda ascendía a 30.236 MW.
A pesar de la buena voluntad de este proyecto, los más escépticos denunciaron una operación fundamentalmente simbólica, y un científico danés consideró que el uso de velas durante una hora produciría más emisiones de dióxido de carbono que las luces eléctricas. "Aunque mil millones de personas apaguen las luces, el acontecimiento equivaldrá a cortar las emisiones de China durante sólo seis segundos", declaró Bjorn Lomborg, director del centro de reflexión Consensus Center en Copenhague.

